Un espacio personal de reflexión sobre la Historia y otras curiosidades.

viernes, 13 de octubre de 2017

La cultura del vaso Campaniforme.



Vaso campaniforme de Ciempozuelo (MAN). Fuente:wikipedia.

La cultura del Vaso Campaniforme pasa por ser la más destacada del Calcolítico o Edad del Bronce (2900-1800 a.c. aprox.). Aunque es así como se conoce, sería más correcto hablar de cerámica campaniforme, pues entre las piezas no sólo se encuentran vasos, si no también cazuelas y cuencos.
Desde el punto de vista cronológico podemos situar a esta cultura entre el 2200 y el 1700 a.c, extendiéndose espacialmente por gran parte de centro Europa, las costas atlántica y mediterránea de Francia, los Países Bajos y la península Ibérica,  además de las islas británicas y el norte de África. Aunque mantiene una clara homogeneidad, la gran extensión que abarca hace que encontremos ciertas características regionales diferenciales.

El nombre otorgado a esta cultura no es caprichoso, y es que deriva  de la forma que adquieren sus piezas a modo de  campana invertida, describiendo un perfil en “S”.  
La decoración es incisa a base de motivos geométricos en los que se combinan zig-zags, ajedrezados o triángulos y que se disponen de forma horizontal y paralela a la base del recipiente. A veces la incisión se rellenaba con pasta blanca que realzaba la composición. Tampoco es infrecuente encontrar  piezas con decoración interior, aunque no necesariamente del mismo estilo. 

Vaso, cazuela y cuenco pertenecientes al ajuar de Villabuena del Puente, Museo de Zamora (Wikipedia).
La mayoría de los hallazgos están relacionados con sepulturas individuales, en gran medida consistentes en un hoyo en el suelo, donde se deposita al difunto y su ajuar. Estas cerámicas son entendidas como artículos de lujo, pues aparecen junto a elementos como puñales de cobre, diademas, equipo de arqueros o láminas de oro, propio de las clases altas dominantes. Sería por lo tanto un elemento de prestigio que se relaciona con una mayor jerarquización social.

Expansión de la cultura Campaniforme por Europa. (Wikipedia)
A tenor de los últimos estudios se ha relacionado esta cerámica con el consumo de bebidas alcohólicas en banquetes o en las ceremonias para enterrar al difunto. En este sentido se han encontrado restos de cereales fermentados en numerosos recipientes hallados en la península Ibérica. En las islas británicas o en los Países Bajos han aparecido restos orgánicos carbonizados, por  lo que se deduce que fueron usados para la preparación y consumo de alimentos.

El origen de esta cultura es bastante controvertido. Algunos especialistas lo sitúan en centro Europa, en el valle del Rhin, y se extendió por el resto del continente gracias a la existencia de grupos de comerciantes, quienes, en sus viajes en búsqueda de materias primas, iban difundiendo estas cerámicas. Otros hablan de la península Ibérica como núcleo original, basándose para ello en las pruebas de Carbono 14, pues es aquí donde aparecerían los casos más antiguos.

sábado, 4 de abril de 2015

Francisco de Sandoval, Duque de Lerma.

En estos tiempos que corren, donde la corrupción acapara las principales ediciones de los medios de comunicación, no podía faltar referencia a un personaje que fue acusado de dirigir una de la mayores redes de corrupción que ha sufrido España en su historia, Francisco de Sandoval y Rojas, más conocido como Duque de Lerma (Tordesillas 1553-Valladolid 1625).
Duque de Lerma.
Aristócrata español y Grande de España por gracia de Felipe III, se convierte en valido de éste con poder pleno en todo el periodo que dura su gobierno (1599-1618). Ejercerá una gran influencia sobre el monarca, quien desinteresado por los asuntos de gobierno, cede a Lerma el poder del mayor imperio del mundo.
La gran amistad que le une al Infante don Felipe venía de largo, pues es en la corte de Felipe II donde se educa gracias al apoyo que recibió de su tío, Cristóbal de Rojas, Arzobispo de Sevilla. Esto hará que adquiera un exhaustivo conocimiento de la corte y de las intrigas que en ella se producían, lo que le valió para recibir el favor del futuro rey, y una vez en la cúspide, manejar la corte y el reino a su entero antojo.
La creciente influencia de Sandoval sobre el Infante no pasó desapercibida y provocó cierto recelo en Felipe II, quien lo designa Virrey de Valencia entre 1595 y 1597, en un intento por alejarlo del centro de poder. En 1597, por expreso deseo del Infante, vuelve a Madrid donde es nombrado Caballerizo del Infante, iniciándose así su carrera política en la Corte.
En 1598 Felipe III sucede a su padre, heredando un Imperio en declive que mantenía graves problemas de Hacienda y frentes abiertos contra Inglaterra y los Países Bajos principalmente. Un año más tarde comienza Sandoval su privanza que ejercerá durante diecinueve años, unos años que estarán marcados por una acción política sólo encaminada a su provecho propio, donde la corrupción, los tratos de favor, la venta de cargos y el clientelismo serán sus señas de identidad.
Su excesiva ambición y escasa inteligencia fueron lastres para su pobre labor de gobierno, dando lugar a una política mediocre que hundió a España más si cabe.
Aún así, y quizás obligado por lo paupérrimo de la economía española, desarrolló una política pacifista que le llevó a firmar la paz con Inglaterra y la Tregua de los Doce Años con los Países Bajos, lo que favoreció a una exhausta monarquía.
La conciliación con Inglaterra llega tras la firma de la llamada Paz de Londres (1604), firma que ponía fin a cerca de veinte años de conflicto que habían provocado enormes pérdidas tanto a unos como a otros. La derrota de la Gran Armada (1588), presente todavía en la conciencia patria por obra y gracia de la Leyenda Negra, o el saqueo de Cádiz en 1596 fueron los reveses más importantes de la monarquía de Felipe II en su duelo contra los anglosajones. Los ingleses por su parte también sufrieron, aunque esto menos reconocido, y es que sus continuos intentos por tomar enclaves caribeños españoles tuvieron como resultado fracasos rotundos que se manifiestan en las muertes de los corsarios Hawkins (1595) y Drake (1596) a manos de marinos españoles. Los continuos ataques a la Flota de Indias y el intento de toma de algún puerto peninsular, también acabaron en fracaso.
Mediante este acuerdo España se comprometía a no favorecer el catolicismo en Inglaterra, además de conceder ciertos beneficios económicos a ésta en el comercio con América. Por su parte, Inglaterra renunciaba a su apoyo a los rebeldes holandeses y permitía el tráfico marítimo español por el Canal de la Mancha.
Sin duda, la Paz con Inglaterra influyó en la posterior firma de la Tregua de los Doce Años (1609-1621) con los Países Bajos, quienes luchaban por su independencia del Imperio español. Esta firma resultó poco beneficiosa para España, pues supuso el reconocimiento implícito de la independencia de estos territorios, independencia que alcanzarán tras la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la firma de la Paz de Westfalia.

"La expulsión de los moriscos", Gabriel Puig Roda (1894).
 Durante el gobierno de Lerma hubo un tercer acontecimiento a destacar: la expulsión de los moriscos entre 1609 y 1613. Los moriscos eran aquellos musulmanes que habían sido forzados a convertirse al cristianismo una vez que los Reyes Católicos conquistaron Granada en 1492. Los descendientes de estos seguían viviendo en comunidades y manteniendo parte de sus costumbres, aprovechándose de la flexibilidad de los monarcas españoles y de los pagos que estas comunidades realizaban a la corona en pos de esa laxitud. 
Pero la rebelión morisca de 1568 en las Alpujarras granadinas, difícilmente reducida por Felipe II, y el miedo de un apoyo morisco a un eventual ataque turco sobre la península, hizo que Felipe III tomara la decisión que su padre no se había atrevido. Cerca de trescientas mil personas fueron obligadas a abandonar España con unas consecuencias todavía hoy debatidas. A la pérdida poblacional ya referida, habría que sumar las consecuencias económicas, de fuerte calado, sobre todo en el levante español, donde se concentraba gran parte de esta población. Eran gentes dedicadas a la artesanía, el comercio y el trabajo en las huertas, sectores que difícilmente podían ocupar los cristianos. Ni qué decir tiene que esta población estaba obligada al pago de impuestos, por lo que su marcha mermó la ya delicada Hacienda castellana. Un duro golpe económico del que España tardará en salir.



El declive de Lerma comienza pronto y es que el nombramiento de familiares y amigos para los principales cargos de la Corte y administración fue marginado a una facción que no tardaría en conspirar contra él.
En 1601 el valido convence a Felipe III para trasladar la capital desde Madrid a Valladolid. Previamente, en ésta última ciudad, había comprado numerosas propiedades, que una vez consumado el cambio de capitalidad, vendió a altos precios, incluso al monarca, una maniobra que hoy podía calificarse de especulación inmobiliaria y que le reportó abundantes beneficios. En 1606 convence al monarca para volver la capital y Corte a Madrid; de nuevo se aseguró cuantiosas ganancias.
A partir de 1612, también serán los militares los que conspiren contra Lerma debido a su política pacifista. Estos enviarán numerosas quejas al rey sobre los tejemanejes del valido. Mal asunto éste, pardiez, tener a la soldada en contra.

La Reina Margarita de Austria (1584-1611).
La reina Margarita, quien apreciaba poco al valido y a sus oscuras prácticas, se rodeó de ese grupo cortesano que había sido apartado del poder y perjudicado por los negocios de Sandoval para iniciar un proceso que sacó a la luz toda una red de corrupción. Poco a poco los principales colaboradores de Lerma fueron cayendo, incluso su mano derecha, Rodrigo Calderón de Aranda, quien en 1621 será ajusticiado en la Plaza Mayor de Madrid.
Ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, el rico valido recurrió a una estratagema para librarse del proceso; solicitó al Papa el capelo catedralicio, lo que le fue concedido en 1618. Esto, y el apoyo del rey que nunca perdió, le sirvió para salvar la jurisdicción civil y la vida.
El rey aconsejó a Sandoval, el hombre más rico del Imperio, su retirada de la vida política. Éste se marcha a Valladolid desde donde verá como el mismo grupo que conspiró contra él y provocó su caída, grupo donde se encontraba su propio hijo, el duque de Uceda, a la postre su sucesor, se disputan ahora su puesto. Será el Conde-Duque de Olivares, aprovechando la subida al trono de Felipe IV en 1621, quien ordene el embargo de todos los bienes del cardenal-duque y su confinación en las posesiones que mantuvo en Burgos y Valladolid. Muy perjudicado en su salud, Lerma fallece en 1625 con la triste fama de político corrupto, fama que le perdura por mucho que las últimas revisiones historiográficas quieran ver un posible complot contra su persona.

viernes, 13 de marzo de 2015

La Guerra de los Treinta Años.

Se conoce como Guerra de los Treinta Años al conflicto armado que enfrentó a buena parte de Europa entre 1618 y 1648.
Las causas que explican el estallido de este enfrentamiento son diversas. Entre ellas destaca la cuestión religiosa, tratándose de la última gran guerra de religión que enfrentó a católicos del sur con los protestantes del norte.
Sin embargo en ella también hubo motivaciones políticas, pues se va a dirimir la hegemonía europea entre las dos potencias del momento, la Francia de Luis XIV y la España de Felipe IV y de Don Gaspar de Guzmán y Pimentel, más conocido como el Conde-Duque de Olivares.
Los problemas internos existentes en la Casa de Austria (Habsburgo) también se pondrán de relieve en el conflicto. La lucha por el poder imperial entre los hermanos Rodolfo II y Matías, se convertirá en otro de los detonantes del enfrentamiento.
Lo que sí es cierto es que el conflicto, aparte de estas cuestiones previas, tiene su inicio en un momento puntual como fue la denominada "Defenestración de Praga".
En 1617, el Tratado de Praga, reconocía a Felipe IV de España derechos sobre la Alsacia a cambio de su renuncia sobre Bohemia. Esta renuncia fue en favor del Archiduque Fernando, de credo católico, quien es nombrado rey en Bohemia, lo que provoca un enorme revuelo dando lugar a numerosos disturbios de carácter religioso.


Estas revueltas desembocan en la ya mencionada Defenestración de Praga en la que los consejeros católicos imperiales son arrojados por una ventana del castillo de Hradlany, aunque estos no llegaron a sufrir daños graves al caer sobre un montón de estiércol.
Se produce entonces el levantamiento de la nobleza protestante checa encabezada por el Conde de Thurn y el apoyo militar del Conde de Mansfeld.
Pronto van a definirse los dos bloques en el conflicto; por un lado España y la Liga
Imperial Católica, apoyada económicamente por el Papado, y enfrente  los príncipes protestantes alemanes a quienes se unen Dinamarca, Suecia y en último momento Francia.

La guerra se va a desarrollar en cuatro fases:

Periodo bohemio-palatino (1618-1625).
El ejército bohemio de Thurn iniciará su avance hacia Viena contando con el apoyo de Austria, Silesia, Moravia, Hungría y Transilvania.
Mientras, Fernando II es elegido emperador (1619), no siendo reconocido por Bohemia, que proclama a Federico V del Palatinado.
Ambos ejércitos tendrán un primer enfrentamiento en la batalla de la Montaña Blanca (1620), donde los protestantes son vencidos y disueltos por el ejército de la Liga comandado por el Conde de Tilly. Además, España invade el Palatinado con el Cardenal Spinola al frente.
El conde de Tilly y las fuerzas hispano-imperiales continuarán con su avance, venciendo en Heidelberg, Wimpfen y en Stadtlohn, ocupando Westfalia y la baja Sajonia.
Derrotados los bohemios se llevan a cabo duras represiones que incluyeron ejecuciones, expropiaciones a nobles sublevados y conversiones forzosas al catolicismo. Bohemia quedaba bajo el control de los Habsburgo.

Periodo Danés (1625-1629).
La Dinamarca de Cristian IV (1577-1648), contando con el apoyo de Gran Bretaña, Holanda y Francia, se decide a intervenir en el conflicto.
En 1626 las tropas imperiales dirigidas por Wallenstein derrotan a Mansfeld en el puente de Dessau, mientras que Tilly vence en Lutter a los daneses, obligándolos a replegarse hacia Jutlandia.
Tras esta estrepitosa derrota, Cristian IV se ve obligado a firmar la Paz de Lübeck (1629), renunciando a nuevas intervenciones militares a cambio de conservar todas sus posesiones.

Periodo Sueco (1630-1635).
Después de alcanzar la paz con Polonia, Gustavo Adolfo II de Suecia, decide la intervención en la guerra en favor de la causa protestante, buscando además mejorar su posición geoestratégica en el norte báltico.
En 1630 Gustavo Adolfo desembarca con su ejército en Usedom y en 1631 infringe una dura derrota a los ejércitos católicos de Tilly en la batalla de Breitenfels, libera el Palatinado y se establece en Maguncia.
En 1632 nuevas victorias suecas en Rain, donde muere Tilly, y en Lützer, donde tiene lugar el fallecimiento del monarca sueco, lo que provocará un giro en el conflicto.
En 1634 los suecos son derrotados en Nördlingen perdiendo el control sobre Alemania meridional.
Ante la delicada situación de sus tropas, los protestantes firman con Fernando II la Paz de Praga, recogiéndose en la misma una tregua de cuarenta años.

Periodo francés (1635-1648).
Ante el cariz que estaba tomando el conflicto, Richelieu, Primer Ministro de Luis XIII de Francia, se decanta por la participación en la guerra. España, con el apoyo católico alemán, se vislumbraba como vencedora, lo que supondría el mantenimiento y reforzamiento de su hegemonía en el continente. Esto era algo que los franceses estaban decididos a evitar a toda costa.
En 1638 Francia y Suecia sellan un pacto de apoyo mutuo y se reanudan las hostilidades.
Los suecos consiguieron una victoria en Wittstock (1636), aunque las siguientes campañas no fueron favorables. De hecho, el avance francés es detenido en Tuttlingen (1643) por el general bávaro Mercy.
Pero España, sumida en una profunda crisis tras los levantamientos independentistas de Cataluña y Portugal (1640), se verá incapaz de continuar la guerra de forma victoriosa. La derrota de los tercios españoles en Rocroi (1643), la primera en muchas décadas de dominio hispano en los campos de batalla, será el golpe mortal.
En 1645 la coalición franco-sueca consigue nuevas victorias en Alerheim y Jankau, que junto a la derrota de Baviera, suponen el fin de un conflicto que será sellado en la Paz de Westfalia (1648).


Esta paz tuvo importantes consecuencias. Desde el punto de vista religioso supuso la confirmación de la Paz de Augsburgo (1555) donde se declaraba la libertad religiosa. El protestantismo se consolida y el Papado entra en decadencia perdiendo toda influencia en el continente.
Francia se erige como nueva potencia hegemónica en Europa, a costa de España, la cual queda sumida en una importante crisis política, económica e institucional. Los levantamientos de Portugal, que conseguirá su independencia, y de Cataluña, recuperada en 1652, serán un enorme lastre a sumar. Además España se verá obligada a reconocer la independencia de Holanda.
Francia, la gran vencedora, obtiene numerosos territorios, destacando Alsacia y Lorena.
Suecia, confirmada como potencia en el norte, obtiene dominios en el norte de Alemania (Pomerania Occidental y Bremen) además del derecho de asistencia y voto en la dieta imperial.
El Imperio se va a fraccionar en una confederación de estados independientes. Los príncipes logran imponerse al Emperador, alcanzando una soberanía plena.
Fue una guerra muy destructiva y Alemania, principal escenario, perdió más de la mitad de su población, incluso en muchas ciudades estas pérdidas llegaron al 80%.
Por otro lado, Austria y Suiza se separan del Imperio.
España y Francia continuarán en conflicto once años más, hasta que finalmente se selle la Paz de los Pirineos (1659), donde España deberá ceder a los galos el Rosellón y la Cerdeña.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Felón para unos, deseado para otros...



Retrato de Fernando VII, por Francisco de Goya.
El tratado de ValenÇay de 1813 supuso el fin de la Guerra de Independencia en España y el reconocimiento por parte de Napoleón Bonaparte de Fernando VII como su legítimo rey. Los liberales españoles, atentos a los movimientos del "Deseado", pretendían que éste regresara lo antes posible a Madrid y ratificara todo lo acordado en Cádiz. Pero el núcleo tradicional sabía que ahora era el momento de acabar con toda aquella labor legislativa. Por esto, aconsejaron al rey llegar a Valencia donde le hicieron entrega de un documento, el llamado "Manifiesto de los Persas", donde le piden que anule todo el proceso de Cádiz y vuelva al Antiguo Régimen.
El rey, quien se ve respaldado por el ejército y las clases populares, deseosas de su regreso, publica el Real Decreto de 4 de mayo de 1814, documento donde anula la Constitución que había prometido respetar.
Supondrá esto una marcha atrás, una vuelta al Antiguo Régimen que tendrá como consecuencia directa una dura represión contra los elementos liberales y la restauración de instituciones abolidas anteriormente como fueron los gremios, el régimen señorial o la Inquisición. La situación internacional derivada de la Europa de la Restauración surgida tras el Congreso de Viena de 1815 favoreció el giro político.
La situación del país era caótica en muchos sentidos: la guerra, tremendamente destructiva, había provocado más de 300000 muertes, había arruinado gran parte de la tierra de cultivo y había hecho desaparecer la incipiente industria española. Pero la reticencia de los grupos privilegiados, nobleza y clero, al emprendimiento de reformas que salvasen la Hacienda Real, pues ello supondría su obligación a pagar impuestos, sume al país en el más profundo de los abismos.
Se comienza a generar de esta forma una oposición de descontentos, sobre todo de liberales, que desean la vuelta a un régimen constitucional. Además, dentro del ejército, donde se habían integrado los cabecillas que consiguieron la expulsión de los franceses, nace una corriente partidaria de reformas. Los campesinos, perjudicados por la vuelta del sistema señorial, se sumarán también.

Rafael del Riego (1784-1823).
Se van a suceder una serie de conspiraciones que no llegan a triunfar debido al escaso apoyo popular, como los de Espoz y Mina en Navarra o Lacy en Barcelona. Finalmente, y en consonancia con el ciclo revolucionario europeo de 1820, el pronunciamiento del coronel Riego en las Cabezas de San Juan el 1 de enero de 1820 consigue su propósito. Aprovechando la concentración de tropas en Sevilla, tropas que iban a ser destinadas a sofocar el movimiento independentista en América, se alza contra el gobierno obligando al rey a aceptar la Constitución. Se inicia pues un periodo de tres años (Trienio Liberal, 1820-1823) donde la labor de las Cortes de Cádiz es rescatada.
La primera decisión del nuevo gobierno fue la declaración de una amnistía política y la celebración de elecciones a Cortes, donde la mayoría liberal derrocará de nuevo todas esas instituciones añejas que impedían el desarrollo de la nación (gremios, mayorazgos, señoríos etc.). Se crea también la denominada Milicia Nacional, cuerpo de voluntarios armados que tendrán como principal función velar por el cumplimiento de la constitución y las leyes emanadas de la misma.
La actitud del monarca, lejos de ser pasiva, será de la de boicotear continuamente las reformas poniendo continuas trabas a la labor del gobierno liberal. Su derecho a veto, reconocido por la Carta Magna, así se lo permitía.
A pesar de todo esto, el descontento del campesinado con el nuevo régimen iba en aumento, y es que la abolición de los señoríos había sido algo nominal; seguían sin tener acceso a las tierras pues los propietarios continuaban siendo los mismos, nobleza y clero, y ellos simples arrendatarios que si no pagaban eran expulsados. Nobleza y clero, también descontentos, conspirarán contra el gobierno.
Este estado de incertidumbre hará finalmente que el rey se decida a pedir auxilio a la Santa Alianza. En 1823, un ejército francés dirigido por el Duque de Angulema, "los Cien Mil Hijos de San Luís", penetran en la península, y sin apenas oposición, toman el país en nombre de Fernando VII y el absolutismo. El coronel Riego es detenido y acusado de alta traición. Muere ahorcado en Madrid. Una nueva etapa de represión se abre en la Historia de España, la llamada Década Ominosa (1823-1833).

Movimientos militares del ejército francés del Duque de Angulema.

De nuevo se repiten persecuciones y exilios que ponen de manifiesto la intransigencia de un monarca que ha pasado a la Historia por ser el más nefasto de entre todos, felón para unos, deseado para otros...
La situación de España era lamentable, sobre todo en el aspecto económico, donde la pérdida de las colonias americanas acentuaba la crisis. El monarca, en la línea del Despotismo Ilustrado, intenta cierta reformas que los grupos tradicionales echan por tierra.
Entre tanto, el rey continuaba sin descendencia, lo que provocó la creación de ciertos círculos que veían en Carlos María Isidro, hermano menor del monarca, la figura idónea para la sucesión. Pero la situación iba a complicarse, pues en 1830, fruto del cuarto matrimonio de rey, nace Isabel quien se postulaba como futura reina.
Se origina de esta manera una cuestión sucesoria, pues los tradicionalistas apoyaban a Carlos María, y la existencia de la Ley Sálica en España desde la llegada del primer Borbón, suponían un duro escollo.
Fernando, aconsejado por su mujer, María Cristina, publicará en 1832 la Pragmática Sanción, decreto que abolía la Ley Sálica abriendo las puertas de la corona a su hija Isabel.
Se configuran de este modo dos grupos, los tradicionalistas que apoyan a Carlos María Isidro, y los isabelinos, encabezados por la reina regente que sabrá atraerse el apoyo de los liberales.
En 1833 se produce la muerte del monarca tras una larga enfermedad dejando como heredera al trono a su hija Isabel; el conflicto estaba servido. Los absolutista no lo aceptarán; Carlos María se autoproclama rey comenzando el levantamiento carlista. La guerra, una nueva guerra civil, había comenzado.

martes, 4 de marzo de 2014

La Gran Guerra del Norte (1700-1721).


La Gran Guerra del Norte se desarrolló entre 1700 y 1721 y enfrentó a Suecia y sus aliados (Imperio Otomano y Hannover) contra Rusia, apoyada en este caso por Dinamarca, Sajonia y Polonia.
Los grandes personajes que van a marcar este hecho histórico serán el sueco Carlos XII (1682-1718), quien pasará a la Historia como uno de los mejores estrategas militares del siglo XVIII, y Pedro I el Grande de Rusia.
Esta guerra es contemporánea a la Guerra de Sucesión española, aunque no tuvieron relación debido a la negativa sueca a intervenir en la misma en apoyo a Francia, que reclamó incisivamente su participación.
En este conflicto se va a dilucidar la hegemonía política y militar en el norte de Europa, una hegemonía que hasta ese momento ostentaba Suecia y que pasará, tras el enfrentamiento, a Rusia.

Carlos XII de Suecia (1682-1718).
Desde que Suecia se independizara en 1523 con Gustavo Vasa, triunfa en todas aquellos conflictos en las que toma parte, afianzando su posición en el norte báltico. Rusia por contra, carecía de salida al mar, lo que estrangulaba su crecimiento. El Báltico se encontraba bajo control sueco, el Mar Negro era feudo del Imperio Otomano, y al norte mucho hielo y nieve, un océano Ártico congelado gran parte del año, lo que hacía impracticable su navegación.
Por ello, Pedro I (1672-1725), desde el primer momento que llega al trono ruso tiene dos ideas claras: europeizar Rusia y obtener una salida al mar, lo que pasaba por derrotar a Suecia.

Carlos XII llegó al trono sueco muy joven, con apenas 15 años, lo que intentará ser aprovechado por Pedro I para aliarse con otros países, atacar y derrotar a Suecia. La empresa la creían fácil, pero no fue así, pues Carlos XII se destapó como un gran estratega.
De esta forma y en virtud del Tratado de Preowajensko (1699), Sajonia, Polonia, Dinamarca y Rusia se alían contra Suecia.
Pero el primero en golpear será Carlos XII. En 1700 traslada a su fiel ejército a Dinamarca y asesta un importante golpe derrotando a los daneses, obligándolos a abandonar el conflicto.
Después de esto se dirige a los países bálticos, donde en la batalla de Narva, con un ejército muy inferior en número, derrota estrepitosamente al ruso. A continuación se dirige a Sajonia, a la que igualmente derrota. Las campañas de Carlos son todo un éxito; en menos de un año había conseguido doblegar a sus principales adversarios.


El siguiente paso que decide el rey sueco es dirigirse a Polonia, la que consigue conquistar en 1704. Su rey, Augusto II, huye y se refugia en la vecina Rusia.
Tras esta campaña nuevamente victoriosa, Carlos se dirige a Rusia, donde pretende dar el golpe definitivo con la toma de Moscú. Pero en ese momento estalla una sublevación en la sometida Sajonia, a donde se ve obligado a acudir, logrando sofocar el levantamiento (1706). Este hecho le dio a Pedro I el tiempo suficiente para reorganizar su ejército y preparar la defensa ante el inminente ataque sueco. De hecho, reconquista Noteborg, Ivangorod y Narva.

Pedro I el Grande (1672-1725).
En 1708 Carlos XII emprende  la campaña sobre Rusia. Pedro I, conocedor de la superioridad sueca, decide adoptar la táctica de tierra quemada, consistente en la inutilización de infraestructuras (puentes, edificios etc.) y la quema de cosechas a medida que se produce el repliegue defensivo de sus tropas. El objetivo era evitar el avituallamiento en campaña del ejército enemigo. Pero esto era algo con lo que el soberano sueco contaba, por lo que había ocupado a varias de sus unidades en el aprovisionamiento de la tropa. Pedro entonces, cual partida de ajedrez, centró sus ataques en estos convoyes de aprovisionamiento, eludiendo el ataque directo, obligando a las tropas suecas a dirigirse al sur, a la región de Ucrania.

En Poltava (1709) tiene lugar el enfrentamiento entre ambos ejércitos, batalla en la que la victoria se decanta del bando ruso. Incluso Carlos XII recibe un disparo obligándolo a huir y refugiarse en Turquía. Aquí, Carlos convence al Sultán turco para que le proporcione contingentes y poder atacar a los rusos. En 1711 el ejército ruso es cercado en el río Prut, obligando al zar ruso a abandonar Azov.
Entre 1711 y 1720 se produce la contestación aliada, pues inician un triple ataque contra Suecia en un intento por acabar con un conflicto que se alargaba en demasía. Así los daneses avanzan hacia Bremen y Verden tomando Tonning (Península de Jutlandia) en 1713.


Los rusos toman las islas Aland, próximas a las costas suecas, y el sur de Finlandia, llegando a introducirse en territorio sueco (1720). Prusia por su parte, aliada de Hannover, conquista posesiones suecas en el norte de Alemania.
A estas alturas, y tras los importantes avances aliados, hacía muy desesperada la situación de Suecia. Carlos, que permanecía preso en Turquía, logra escapar, tomando el mando de su ejército en Stralsund. Reanuda los enfrentamientos, pero muere durante el asedio a Frederickhald (1718).
En este momento, con Suecia a punto de caer, es cuando tiene lugar la intervención de Gran Bretaña a favor de Suecia. Los ingleses, muy recelosos de que se rompiera el equilibrio de fuerzas europeo, obliga a los contendientes a iniciar conversaciones de paz.
Entre 1719 y 1720 se firmaron los tratados que iban a sellar el fin de la guerra. Con Hannover y Prusia se firma la Paz de Estocolmo, obteniendo estos Bremen, Verden y Pomerania. El Tratado de Fredericksborg, con Dinamarca, otorga Schleswig a los daneses. Y el más importante, el Tratado de Nystad con Rusia, que recibe los estados bálticos.
El gran vencedor de este conflicto fue Pedro I el Grande, Zar de todas las Rusias; Suecia cederá su vitola de potencia hegemónica en el norte a la propia Rusia, que se va a erigir desde entonces en potencia europea.
Polonia, escenario de gran parte de la guerra, quedó arrasada, y Prusia, con Federico Guillermo, el rey Sargento, irá tomando posiciones cada vez más dominantes en el continente.
Pero el efecto de la derrota sueca irá mas allá de las pérdidas territoriales y de hegemonía. La burguesía sueca, tras la derrota, logrará imponerse al absolutismo, lo que permitirá la instauración de un sistema monárquico-parlamentario al estilo inglés, marcando una nueva etapa en la política de este país.